ESPAÑA: El trabajo de los cuidados también es invisible y no remunerado para las mujeres con VIH.




ESPAÑA: El trabajo de los cuidados también es invisible y no remunerado para las mujeres con VIH.

Con motivo del Día 8 de marzo, Belinda Hernández (Trabajando en Positivo) entrevista a Dominique Cubells, mujer afectada por el VIH desde hace más de 30 años.



Trabajando en Positivo


ESPAÑA: El trabajo de los cuidados también es invisible y no remunerado para las mujeres con VIH.

Por Belinda Hernández

Tradicionalmente, las labores de cuidado —como son las tareas del hogar, la atención a hijos e hijas, personas mayores, enfermas o con necesidades especiales— las han asumido las mujeres. Un trabajo poco reconocido y casi nunca remunerado que contribuye al desarrollo económico de un país, Ese trabajo no pagado supondría (con cálculos que toman parámetros de 2011) el 14,9% del PIB español, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

A nivel mundial, las mujeres realizan el 76,2% de estas tareas, lo que supone que les dedican 3,2 veces más tiempo que los hombres. Esta situación, apunta la OIT, representa el principal obstáculo para que ellas accedan al mercado laboral, así como a empleos y sueldos dignos.

Los cuidados y el VIH 

Respecto a las labores de cuidados, las mujeres con VIH no están exentas. Actualmente es común escuchar en reuniones de mujeres con VIH ― especialmente, entre las mayores de 50 años― sus preocupaciones por estar a cargo de algún familiar, ya sean sus hijos e hijas, o madres o padres que han llegado a una edad adulta y requieren cuidados especiales. ¿Cómo se afronta esta situación? ¿Cómo se hace esta labor cuando se ha vivido con un virus durante más de 30 años y el cuerpo no está en condiciones plenas para asumir esta responsabilidad?

Con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, desde Trabajando en Positivo deseamos abordar este tema, por lo que entrevistamos a Dominique Cubells, quien vive con VIH desde hace 31 años y ha dedicado casi toda su vida al cuidado de otras personas. La conversación ocurre al lado del Centro Hospitalario Pere Virgili en Barcelona, donde su madre Manuela se encuentra hospitalizada desde hace dos meses.

La charla inicia con una pregunta ineludible: ¿cómo está tu madre? Manuela se encuentra mejor, aunque ha estado muy delicada; tiene 91 años y tras un problema de cadera requiere más atenciones como bañarla, alimentarla, cambiarla, etcétera. A Dominique se le iluminan los ojos cuando me habla de ella y de lo importante que es en su vida. “Mi madre fue una mujer muy valiente, nada convencional para su época. Desde muy joven comenzó a trabajar en Barcelona, casi era una niña. Con más años se fue a Francia, ahí se enamoró y nací yo. También vivió en Inglaterra, siempre fue una mujer muy adelantada a su tiempo”, dice con tono de orgullo y una sonrisa.

Después se pone seria, y me mira fijamente a los ojos para compartirme algo personal. “Cuando me infecté del VIH mi madre siempre estuvo ahí, jamás me abandonó ni cuando estaba muy mal en un entorno de consumo de drogas. Ella siempre estuvo a mi lado y me cuidó cuando se esperaba mi muerte. Fueron momentos muy duros”, comenta.

¿De ella aprendiste a ser cuidadora?, le pregunto. “Sí, seguro, y ella de otras mujeres de su vida porque eso es lo que se espera de nosotras. Mi madre también cuidó de mucha gente, de su hermana, de mis primos, de mí, de mi padre. Recuerdo que cuando él llegaba de trabajar, ella le ponía una palangana de agua caliente para lavarle los pies. Con el tiempo sé que eso también es un tema de machismo. Parece que como eres mujer tienes la obligación de hacer las labores de cuidados; por ejemplo, ahora que estoy en el hospital asistiendo a mi madre somos puras mujeres las que atendemos a las personas enfermas. No hay ningún hombre cuidando a familiares, excepto enfermeros que les pagan por hacerlo”, dice.

Dominique me cuenta que ella siempre ha cuidado de personas. Cuando fue joven trabajó en una guardería con niños y niñas pequeñas; también se encargó de personas mayores durante años y la mayoría de las veces lo ha hecho “en negro” o por ayudar. Actualmente sigue siendo cuidadora de niños y niñas porque dice que le encanta, aunque desde que atiende a Manuela tiene poco tiempo para hacerlo.
¿Cómo te sientes físicamente para realizar trabajos de cuidados? Muy cansada, dice. “Mi cuerpo lleva muchos años tomando fármacos, algunos muy fuertes como el AZT. También he vivido situaciones muy complejas, he estado a punto de morir, he visto morir a amigos y familiares, he tenido un montón de enfermedades oportunistas. He experimentado discriminación y eso afecta mucho, desgasta. Yo me siento agotada, aunque por mí madre haría cualquier cosa”, enfatiza.

¿Y a ti quién te cuida ahora cuando te sientes mal?, pregunto. “Yo”, contesta Dominique. Luego baja la vista, piensa y habla nuevamente, pero ahora con enfado. “Pensándolo bien, nadie más me cuida”, menciona.

¿Crees que es justa esta situación? “Es una mierda, sinceramente, porque la responsabilidad de los cuidados recae prácticamente solo en las mujeres y poco se visibiliza. Nadie te paga por hacerlo, y aunque lo hagas con amor como yo lo hago por mi madre, no deja de ser un trabajo duro que deberíamos hacer hombres y mujeres por igual”, concluye.


Sobre Trabajando en Positivo
Es una red de 17 entidades presentes en 11 Comunidades Autónomas que trabajan en la respuesta nacional al VIH en España.

Compagina el apoyo a personas en situación de exclusión social para mejorar su empleabilidad, con la sensibilización y concienciación de los agentes implicados en el ámbito laboral. Además, apoya a empresas para mejorar su compromiso social en las áreas de derechos humanos, gestión de la diversidad, igualdad de oportunidades y no discriminación, así como en el área de acción social.










Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información